Brazo de gitano de salmón, Gelatina de mango y mascarpone – Juegos del hambre en una boda

Todos hemos tenido en la vida una época en la que se casan muchas personas de nuestro entorno. En este caso, tuvimos una superconcentración de bodas en la que tres de las parejas de la pandilla decidieron casarse con una semana de diferencia cada una. A nadie que me conozca le pillará por sorpresa si le digo que en los banquetes me expreso tal y como soy… se me nota cuánto disfruto de las comidas ricas, aunque otros lo que dirían es que soy un zampabollos. Así que en la última de ellas, me estaban incitando desde otra mesa para que me acercara a picar de sus platos. Uno siempre trata de mantener la compostura, pero al final, cada quien es lo que es. Así que me levanté y tratando de ser sigiloso, me lancé hacia una de las mesas desde las que me incitaban. Yo no lo sabía, pero el sitio en el que estábamos, estaba ajardinado por dentro y, para burla del personal, casi me rompo la crisma con el escalón de un jardín en el que me metí. En concreto, el que estaba entre mi mesa y la mesa a la que me dirigía así que, por mucho que me siguieron incitando, asumí que no podía moverme de mi mesa libremente guiándome por las voces de los otros invitados. Para mayor burla y divertimento, mis amigos siguieron incitándome y, a medida que avanzaba la noche, con técnicas menos sutiles cada vez. Así, merodeaban por mi mesa tratando de picar de mi plato. Yo cada vez me ponía más nervioso y trataba de proteger lo que tenía en mi plato. De pronto, sentí que alguien invadía mi espacio por la izquierda, lancé un mordisco con toda la intención de hacer presa, y así fue! Así que estaba saboreando entre mis dientes un brazo trajeado, y muy satisfecho con mi venganza, cuando escuché un grito que decía: “¡Soy el camarero!” La carcajada general fue enorme, así como la vergüenza que pasé.

En fin… Para el camarero, una noche para olvidar. Para mí, para recordar con este brazo de gitano salado.

Brazo de gitano de salmón ahumado con gelatina de mango y Mascarpone

Ingredientes para 6 personas.

Para el bizcocho genovés.

125 G. de harina.

7 huevos.

70 G. de mantequilla.

2 cucharadas soperas de mostaza de dijon.

Sal y pimienta.

Para el relleno:

300 G. de salmón ahumado.

2 mangos bien maduros.

150 Ml. De agua.

5 hojas de gelatina sin sabor.

Opcional un toque de picante, cantidad necesaria de Sriracha

Para la cobertura.

500 G. de queso Mascarpone.

Zumo de un limón.

2 a 3 cucharadas de mostaza de Dijon.

Pimienta.

Modo de hacerse:

Gelatina:

Triturar los mangos pelados en la Thermomix o similar.

Poner a hidratar la gelatina en agua bien fría.

En una cacerola, mezclar el puré fino de mango con el agua.

Llevar a ebullición y retirar del fuego. Deshacer dentro las hojas de gelatina. Si los mangos no están maduros,, se puede endulzar con un poco de azúcar.

Si se le quiere dar un toque picante a la gelatina, en mi opinión queda muy bien, añadir la salsa picante al gusto. Yo he utilizado Sriracha.

Pasar por el chino y poner a enfriar en un recipiente que permita hacer una o varias planchas de medio centímetro de espesor.

Bizcocho:

Separar las claras y las yemas de los huevos.

Mezclar las yemas con la mantequilla derretida, la mostaza, la harina, la sal y la pimienta, hasta conseguir una masa homogénea.

Batir las claras a punto de nieve y mezclar con la masa anterior con movimientos envolventes.

Verter la mezcla en un papel de horno con los bordes levantados para contenerla. Alisar la superficie.

Meter en el horno precalentado a 200 grados de 8 a 10 minutos.

Cuando empiece a estar dorado, desmoldar la plancha de bizcocho sobre un trapo y enrollarlo muy lentamente al tiempo que se compacta. Dejar enfriar.

Mezclar el Mascarpone con el limón, la mostaza y la sal. Batir con un tenedor de forma que quede cremoso.

Montaje:

Desenrollar el bizcocho, poner sobre él la o las planchas de gelatina y el salmón. Se puede dejar un espacio de 3 a 5 cm. En el sentido longitudinal Sin cubrir ya que al enrollar el conjunto, se desplazará hacia el final. Enrollar hacia el borde que quedó descubierto, compactando de forma que no quede aire.

Recortar los extremos para igualarlos y cubrir con una espátula todo el rollo con la crema de Mascarpone.

Dejar enfriar en la nevera.

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Pan de hogaza casero – Qiromasaje. Las manos van al pan

Con aquello del deporte, no eran pocos los masajes que tenía que darme una y otra vez para recuperar las piernas y espalda de los largos entrenamientos a los que les sometía. Así que lo que percibía como beca paralímpica lo invertía principalmente en masajes. La verdad es que cuando se habla de masajes, todo el mundo imagina un ambiente relajado y un poco de dolor no doloroso que libera de las cargas y consigue que uno esté mucho mejor desde el mismo momento en que le plantan un dedo en la espalda. El masaje deportivo no es exactamente igual. Eso es más bien un dolor doloroso que sí, al final sale rentable, pero que hay que pasar por él.

La cuestión es que en mis sesiones de masaje me iba interesando por la materia, preguntaba por qué esto o lo otro, por qué unos masajes eran distintos de otros, cuáles eran los fundamentos que hacían que un masaje fuera beneficioso, etc. Así que me lancé y me puse a estudiar quiromasaje primero y masaje deportivo después. Aparte del tópico de que los ciegos son muy buenos masajistas por aquello de que la falta de visión potencia los otros sentidos, tengo grandes recuerdos de aquellos cursos.

Al principio, durante la parte teórica, tuve que hacer especiales esfuerzos por entender los movimientos de la quirogimnasia que debía fortalecer las manos y los dedos cuando lo explicaban y los profesores y yo tuvimos también que hacer esfuerzos por hacerme entender la anatomía de articulaciones, huesos, músculos con sus inserciones, dirección de fibras, movimiento, etc. Mención especial, el día que en la facultad de medicina, la persona que estaba enseñando con un cuerpo real el interior de los músculos me dijo que me pusiera unos guantes y me pusiera con ella a hacer aquella exploración en la que tuve ocasión de tener en las manos un nervio ciático, un bíceps, un glúteo o un pectoral. Garantizado: no hay visión romántica posible para aquellos momentos.

El caso es que cuando tocó pasar de la teoría a la práctica, dado que lo que tenían que explicar se hacía más bien con demonstraciones, de repente me preguntaron cómo haríamos para que yo me enterara. Dado que el título de la primera práctica era “Masaje relajante de espalda”, propuse que yo fuera el sujeto con el que se hicieran siempre las demonstraciones. De esta forma, a medida que señalaran el sentido del masaje, el tipo de amasado, etc., yo lo percibiría en mi cuerpo como si lo estuviera viendo. Así que nada, nos pareció bien a todos y cuando la profesora me dijo que me quitara la camiseta y me aflojara la cinta del pantalón, me dispuse a hacerlo sin más. Sobre la camiseta, dado que entrenaba un sin fin de horas, flexiones, abdominales, pesas y además tenía 25 años, no tuve ningún inconveniente en quitármela delante de toda la clase e, interpretando que era por el bien de la relajación, me solté el pantalón. Me coloqué en la camilla decúbito prono, es decir boca abajo, y escuché con atención las indicaciones que iba dando la profesora pasando las manos por mi espalda. Todo tenía muy buena pinta y el final feliz de aquellas explicaciones sería un masaje relajante en mi espalda, hasta que de repente escuché mientras la profesora tocaba la parte alta de mis muslos que un buen masaje de espalda termina por debajo de los glúteos. Toda relajación se me acabó cuando sentí cómo tiraban de un golpe de mi pantalón hasta la parte de arriba de mis muslos y mis glúteos, es decir mi culo, quedaron totalmente expuestos ante toda la clase.

Un final más feliz tuvo el otro tipo de amasado que tuve ocasión de aprender hace unas semanas en el taller de panadería con Su, de Webos Fritos en las instalaciones de Chic Bakery, y, en efecto, como dice Su, este amasado es muy relajante para quien lo practica, sin contar con que el pan hecho en casa es un auténtico placer. Ante una irresistible oferta de tortilla de Betanzos con huevos de gallinas criadas en casa y en libertad, gracias Montse y Gina, se me ocurrió hacer un pan que acompañara tan exquisito y sencillo plato.

Como la receta no es mía, pongo el enlace de la fuente, Webos Fritos aunque yo le he dado forma de hogaza, por aquello de tener mucha miga para mojar, lo cual ha dejado los tiempos de cocción en 10 minutos a 250 grados y 25 minutos a 220.

Al final, la visión de la hogaza, mucho más agradable que la de mis compañeros de clase, aunque me encantan los amasados con final feliz!😉 Y… cuidado con las manos, que van al pan!

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Sopa de ajo deconstruida con jamón crujiente-Buscando hotel

La semana pasada, coincidiendo con el Gran Premio de Valencia de motociclismo, estuve por allí. 5 días antes de mi viaje empecé a buscar hotel y, como iba a ir mucha gente, los precios de las habitaciones estaban ya por los aires. Sin embargo, hasta un día antes del viaje no estaba seguro de cuándo viajaría y, cuando me quise poner, los precios habían subido ya a la estratosfera. Venga a buscar y buscar, habitaciones normales de hotel entre 500 y 1500€ la noche. A la desesperada, ampliamos el radio de búsqueda. Por fin, una habitación por 170€, y con parking y con bañera de hidromasaje!! Bueno, en circunstancias normales, no habría sido una habitación barata, pero en esa situación, sin pensarlo hago la reserva. Habitación doble para dos hombres adultos heterosexuales, pero bueno, si no hay dos camas, como tiene 60 metros, ya pediremos una cama supletoria, me dije. Al hacer la reserva, me llamó la atención que pedía la hora a la que se llegaría al hotel, aunque asumí que era para dar mejor servicio. Además, se decía que no sería posible ocupar la habitación hasta las 15 horas. Si bien es cierto que la red es una gran ayuda de cara a facilitar ciertas gestiones, no es menos cierto que para mostrar la mejor cara de lo que busca la gente en este medio, el uso de imágenes es el principal aliado. Es ahí donde no queda más remedio que pedir unos ojos prestados y en esta ocasión, como tantas veces antes, hice la búsqueda con una persona en particular, tanto por lo bien que me conoce, como por la absoluta confianza que tengo en su criterio. Es cierto que nos echamos unas risas cuando me describió algunas de las fotos, pero concluimos que al menos la cama no tenía forma de corazón… como les ha pasado a otras!😉 Pasada una semana, la conclusión es que, aunque no siempre se puede, no hay como hacerse una opinión propia!

Tras pasar todo el día en el circuito, llegamos por fin al hotel. Estaba situado en la vía de servicio, con muy pocas señales externas. Nos acercamos con el coche y había un timbre al que llamamos. Salió una señorita y sin bajar del coche, le dimos el DNI. Nos hizo saber que teníamos que entrar por el “Garaje 30”. Sin saber muy bien a qué se refería, avanzamos por un pasillo hasta que, en efecto, vimos una puerta de garaje con el 30. La puerta se abrió y pasamos con el coche. Nos pusimos a descargar el poco equipaje que llevábamos y se cerró la puerta dejándonos a oscuras. Por aquello de que tengo más experiencia moviéndome en la oscuridad, fui yo delante.

Subí por unas escaleras pasando la mano por la pared. En un momento dado noto como que ésta se mueve, pero sigo buscando la puerta. Abro y lo primero que dice mi amigo es: “Pero si hay espejo en el techo! Y velitas encendidas!”

Soltamos las mochilas y tras hacer un recorrido para que yo conociera la habitación, empezamos a reparar en otros detalles a los que no estamos habituados.

Catálogo de cremas, ungüentos, preservativos, lubricantes, velas, antifaces y… un silo de misiles ordenados de menor a mayor entre 11 y 22cm. Creo que ahora los llaman juguetes eróticos, aunque quizás, a los últimos de la lista, yo los llamaría competencia desleal. Y me pregunto: “Dónde me he metido?”

Luego, además, vemos una ficha en la que se detallan todos los procesos de limpieza por los que ha pasado la habitación, anti fúngicos, esterilizadores, que concluye diciendo que la limpieza va más allá de lo normal. Yo, sigo preguntándome con resquemor… “Donde me he metido? Debí fijarme más en lo de las fotos!”

Decidimos salir por el pueblo a cenar algo y, no me preguntéis por qué, pero se nos ocurre salir por la puerta. Ésta, lleva a un pasillo y a su vez, llegamos a lo más parecido a lo que debía ser la recepción, una especie de despacho. De pronto reparamos en que no tenemos llaves y es lo primero que preguntamos: “Está claro que este hotel es para lo que es, aunque nosotros hemos venido a las motos. Queremos salir a cenar pero no tenemos llaves.” . “No, aquí no hacen falta. Se sale por el garaje.” “Y para salir a cenar?” “hay que pagar la habitación. “Y para cenar?” “Se lo llevamos todo a la habitación.” “Pregunto por la hora de los desayunos y me contestan que aquí los desayunos se sirven 24 horas. Eso sí que es un desayuno!🙂 Como tampoco soy tan inocente, intuyo la respuesta pero aún así pregunto por la cama supletoria… Todavía resuenan en mis oídos las carcajadas que recibí como respuesta.

Volvemos a la habitación y pedimos unos sándwiches para cenar. En realidad, abstrayéndose de la situación, la habitación está fenomenal y le digo a mi amigo. “El hotel está muy bien, lo que falla es el acompañante!” Él no puede hacer otra cosa que manifestar su acuerdo con mi aseveración.

Llega la cena, suena un timbre y nos pasan los platos por un hueco que permite no abrir la puerta, para mí, el trozo de pared que se movió cuando llegamos. Vienen envueltos como si hubieran pasado por el procedimiento de limpieza del resto de la habitación.

Entretanto, comentamos que da pena desaprovechar el Yacusi y ante la afirmación de que cabíamos los dos sin tocarnos, yo declino la invitación con un “Ve tú, ve tú.”

Y bueno, llega el momento de dormir, en realidad ha sido un día agotador. A las mujeres les hace mucha gracia los reparos de los hombres para dormir juntos, hacemos un par de comentarios y coincidimos en alegrarnos del gran tamaño de la cama y la firmeza de su colchón y nos echamos a dormir… Eso sí, tan separados como los ingredientes de esta sopa de ajo deconstruida!🙂

Sopa de ajo deconstruida con jamón crujiente y huevo en baja cocción:

Ingredientes para 4 personas:

180. de pan pallés.

2-3 dientes de ajo.

1 cucharadita de postre de pimentón de la Vera.

60g. de aceite de oliva.

1,5l. de caldo de jamón o de carne.

0,5l. de agua.

150g. de jamón Ibérico.

4 huevos.

Para la sopa:

Tostar en el horno el pan poniéndolo sobre la rejilla con el horno encendido arriba y abajo a 150º hasta que empiece a dorarse. Debe quedar un poco blando en el interior.

Por otra parte, pelar y filetear los dientes de ajo. Ponerlos a freír en el aceite junto con el pimentón con cuidado de que no se quemen. Trocear el pan y freírlo también. Añadir el agua y el caldo y dejar hervir 20 minutos.

Con un chino, separar el caldo del pan. Dejar reposar el caldo y colar.

Opcionalmente, se puede gratinar el pan poniéndolo bajo el rill del horno de 20 a 30 minutos en una fuente.

Para el jamón crujiente:

El crujiente se puede hacer tanto en el horno como en el microondas. En este caso vamos a hacerlo en el microondas poniendo en un plato una hoja de papel de cocina , el jamón y otra hoja de papel por encima. Minuto y medio a máxima potencia suele ser suficiente, aunque depende de la cantidad de jamón y de la potencia del micro.

Para los huevos:

Hay diversas formas de hacer los huevos a baja temperatura en casa para conseguir que la yema y la clara tengan la misma textura. La más sencilla es con la Thermomix. Con el modelo T31, se trata de calentar el agua a 60º unos 10 minutos y luego dejar los huevos en el cesto 60 minutos más a la misma temperatura. Mejor utilizar huevos pequeños y a temperatura ambiente.

En cualquier caso, se pueden hacer los huevos escalfados vertiendo el huevo crudo en agua hirviendo con un buen chorro de vinagre haciendo un remolino previamente con una cuchara.

Cómo se sirve:

En un plato sopero, disponer por un lado el pan de la sopa, por otro lado el crujiente de jamón y el huevo, por ejemplo, encima del pan. Ya en la mesa, verter en cada plato el caldo colado con una jarra cuidando que no se sumerja el jamón para que no pierda el crujiente.

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Minimicropaso por Top Chef

Esta primavera recibí una llamada de la productora que iba a grabar Top Chef. Como ya sabía de qué iba el programa, mi respuesta fue decir que no. que yo no era profesional. En su día tuve un restaurante que tuvo un cierto tiempo de relevancia mediática debido a mi ceguera y no faltaron titulares como “El único chef ciego de España” y cosas así. La cuestión es que decliné la amable invitación por no considerarme profesional y sobre todo por las condiciones del rodaje que, en el mejor de los casos (ganar), ocuparía todo el mes de Julio. Muchas, muchas fueron las personas que me insistieron en que me presentara, que total, como al programa le vendría bien tener a un ciego en sus cocinas, seguro que me cogerían. Aparte de no tener ese punto tan claro, tampoco me habría gustado que mi mérito fuera ese.

Después, supongo que por aquello de estar en las bases de datos de la productora, me invitaron a la prueba que se hizo en el hipódromo y cuyo programa salió por antena la semana pasada.

La verdad, que tuvo sus cosas, pero como encuentro con otras personas muy interesadas en el mundo de la gastronomía, aquella fue una velada interesante. Bueno, no voy a decir nada que no dijeran los miembros del jurado, pero lo que cocinaron, cómo decir?, no era espectacular. Pensé entonces en que quizás me había equivocado minusvalorando mi capacidad y mis posibilidades.

Posteriormente, dos días antes del estreno en televisión, A3 Media nos invitó en San Sebastián de los Reyes a la première del primer capítulo de top Chef y, ahí sí, a un rico cóctel.

Cuando vi quiénes eran los participantes y el nivel y experiencia que tenían, recordé el cóctel del hipódromo y no pude otra cosas que preguntarme cómo era posible que hubieran salido las cosas como salieron. Y ya de paso, volví, con mi sentido del ridículo por bandera, a alegrarme de no haber pretendido participar. Lo cierto es que, en cualquier caso, no me cuadraba nada lo que habíamos tenido ocasión de probar allí, teniendo en cuenta quiénes eran los participantes y de donde venían.

Viendo el programa la semana pasada pasé un muy buen rato, recordando el día del hipódromo y disfrutando de la suerte que tuve de probar, aunque pensara que eran mejorables, los platos que estaban sirviendo en la tele. Pero sobre todo, lo que pude apreciar conociendo por un lado el resultado final y por otro los cocineros, la dureza del concurso. Fue muy gracioso, cuando estaban eligiendo los ingredientes para sus pinchos darme cuenta de que había algunos que no recordaba, como el foie y el solomillo, pero que rápidamente supe por qué, cuando cada uno de los equipos pudo quitarle el ingrediente que quiso al equipo contrario.

En definitiva, que paso buenos ratos siguiendo cada programa de Top Chef y que me siento especialmente privilegiado por la minimicroparticipación que he vivido en el programa.

Aquí queda una entrada digna de esta sección. Por lo de “Varíos” claro está🙂

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Huevos estrellados con sobrasada

Como decía en el post reflexión de aniversario, antes de esta larga pausa veraniega, si he tenido oportunidad de hacer muchas cosas, ha sido porque afortunadamente no me ha faltado gente que me apoyara por muy descabellado que pudiera parecer lo que proponía o porque me apuntaba a lo que me proponían.
El esquí, que acabó siendo una actividad a la que dediqué mucho tiempo, no fue menos, aunque en sus inicios lo practicáramos de una forma un tanto, vamos a decir, artesanal. Si hay una cosa que me reenganchó al esquí, fue la sensación de libertad que creía haber perdido al mismo tiempo que la vista. A fin de cuentas, para desplazarme, siempre tenía que ir agarrado a una persona o al bastón, salvo cuando nadaba o cuando esquiaba. Y bueno, todos convendrán conmigo que las sensaciones practicando estas actividades no son las mismas.
La cuestión, es que en aquella época, para esquiar, usábamos una técnica nada científica, que no era otra que dejar que mis amigos se adelantaran unos metros, me dieran un grito para orientarme y yo esquiara hacia el lugar de donde provenía la voz. Así, cuanto más se alejaran, más rato podía yo sentir la libertad de esquiar.
Un día se adelantaron dos amigos, se detuvieron y desde bien lejos me dieron el ansiado grito: “AaaaQuíí!”
Raudo y veloz me precipité buscando la línea de la pendiente y, absorto, me puse a deslizarme atento a la siguiente instrucción que debía escuchar al llegar cerca de mis amigos y guías: “Frena!”.
Sin embargo, escuché a uno de ellos que decía: “Derecha!” y al otro que decía: “Izquierda!”. En menos de un segundo, dado que no sabía por qué instrucción decidirme, seguí recto y no tardé en notar cómo pasaba un palo entre mis piernas.
Tal y como me contaron el incidente desde su punto de vista, parece ser que vieron como me iba dirigiendo hacia una baliza que marcaba una zona en la que afloraban algunas piedras. Se pusieron a calcular las posibilidades de que me chocara con ella, usando un método tan poco científico como el sistema para guiarme. “Se da?”, “Ni de coña.”, “No, no se da.”, “Se da?”, “Que no, que no.”. “Se da!”, “Se da! Se da!”, “Derecha!”, “Izquierda!”
Por no entrar en detalles que aportarían poca información más allá de lo que ya habéis imaginado, no voy a explicar por qué he elegido para casar con esta historia unos huevos estrellados.

Huevos estrellados con sobrasada.
Ingredientes para 2 personas.
3 patatas medianas.
2 huevos.
50g de sobrasada.
Sal.

Cortar y pelar las patatas En finas rodajas, mejor si es con la mandolina. Aunque se pueden freir, yo las he hecho en el microondas de la siguiente manera. Tras cortar lasrodajas, se limpian bajo el agua fría hasta que se elimine el almidón y el agua quede clara. Secar las patatas y, en un recipiente, mezclar con 2 cucharadas de aceite de oliva y la sal. Disponer en un plato rodaja a rodaja sin que semonten las unas sobre las otras. El tiempo de micro depende de la patata y del grosor de la rodaja. Yo he empezado por 5 minutos a máxima potencia y he incrementado el tiempo de 30 en 30 segundos hasta que han quedado prácticamente crujientes. Este proceso se puede llevar también a cabo en el horno disponiéndolas de la misma manera y dejándolas unos 25 minutos a 220 grados. También hay que vigilar. En ambos casos, si se dejan un poco más de tiempo, quedarán crujientes y se pueden tomar de aperitivo a modo de patatas chip, sólo que con menos grasa que las fritas y, por supuesto, que las de bolsa.
Volviendo a los huevos estrellados, se monta el plato poniendo en un aro de emplatar por persona, una capa de patatas, sobrasada desmigada, otra capa de patata, otra de sobrasada, para terminar por una de patata. Se retira el aro y sobre éste se posa un huevo frito habiendo tenido la precaución de dejar la yema poco hecha.

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Reflexión de aniversario

Hoy hace 25 años que tuve el accidente en el que perdí la vista. Desde aquel día en el que me preguntaba, en la camilla del clínico, qué sería de mi si me quedaba ciego para siempre, Han sido 25 años en los que tenido la oportunidad de vivir y hacer cosas que, incluso antes de aquel día no intuía que llegaría a hacer.

Lo cierto es que cuando hay una fecha marcada en la vida de una persona, es una oportunidad para, pasados los años, poder hacer un balance de lo que ha pasado desde entonces, lo que eran las cosas, lo que pensaba que serían, lo que van siendo y lo que serán al final.

Nunca pensé, aunque competía en otras cosas, que pisaría una villa Olímpica y en ella me alojé un par de semanas por derecho propio gracias a un esfuerzo y un Will power, me encanta la forma de llamar a la voluntad en inglés, que hasta hace 25 años jamás vi dentro de mí. No pensaba que viajaría y he estado en casi una cuarentena de países. No tenía confianza alguna en mí para el futuro y sin embargo, hasta hoy, ha sido mejor cada día.

El caso es que, hace 25 años maduré de golpe y al mismo tiempo maduré pasando por una especie de segunda infancia, un período mágico de mi vida en el que tuve que volver a aprender a escribir, a moverme por la calle, a leer, a afeitarme, vestirme con lo que yo quería llevar, cocinar, esquiar y tantas otras cosas. Aquel día pasé de la autosuficiencia del adolescente de 18 años que se come el Mundo a la humildad de tener que aprenderlo todo, de pensar que algunas dependencias infantiles que habían quedado atrás, estarían conmigo para siempre. Sin embargo, como digo, empezó un período mágico en el que cada día terminaba con la satisfacción de haber dado un paso hacia delante, de haber crecido un poco. Unos años en los que cada cosa era un reto y conseguirlo era tremendamente gratificante.

Y por qué cuento todo esto? Pues porque en estos 25 años no he estado solo. He contado con mi madre, con mi padre, con mi hermano, mi abuela y con el resto de mi familia. He contado con los amigos de antes, con los de durante y con los de después. He contado con los que me han enseñado lo que sé ahora, con los compañeros de estudios, los compañeros de trabajo, la gran cantidad de personas con las que me cruzado una vez pero que me han dejado algo y también, a lo largo de los años, con alguna mujer tan especial como inconsciente que en algún momento quiso compartir su vida con la mía.

En definitiva, un montón de razones por las que estar tremendamente agradecido de lo transcurrido en los 25 años que empezaron aquel 10 de julio en el que, todavía en el quirófano, me contesté que no pasaba nada si perdía la vista para siempre. Tampoco habría pasado nada si no la hubiera perdido, aunque no tendría la excusa de la efeméride, seguro que motivos sí, para escribir esta pequeña reflexión de agradecimiento.

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Ensalada de fideos chinos con pulpo a la parrilla y mayonesa de wasabi y soja – Ella me bate como haciendo mayonesa

El Viernes pasado, como tantos días me bajé del tren y muchas personas intentaron ayudarme para salir de la estación. Casi nunca falta esa persona que te agarra de la muñeca como si fueras un ladrón a la fuga, provocando un sobresalto mayúsculo. Este Viernes además, he tenido que luchar por conservar el bastón ya que una señora ha considerado de forma errónea que si ella, con sus 50 kilos sujetaba mis 85 tirando de mi brazo, los dos estaríamos muy seguros bajando del tren. Esto sí que es luchar por el poder me río yo del mando de la tele!

Recompuesto tras esta primera batalla por elegir el camino por el que quería seguir andando sin dejarme el bastón, de repente, una mano con al menos 8 dedos, me agarra la manga de la chaqueta y tira de mí hacia mi izquierda para evitar, cielo Santo, que toque con mi bastón la barandilla de la escalera. Durante ese meneo me pregunto qué colonia me habré puesto para que por la calle ande alguien con intención de quitarme la ropa, o será quizás que me quieren quitar el reloj?

Me dirijo hacia las escaleras mecánicas, pero antes de acercarme lo suficiente para tocar la cinta de la barandilla y saber si estoy encarando la escalera que va en el mismo sentido de la marcha que yo, noto una mano en cada hombro y que me giran, como para ayudarme a apuntar hacia la escalera. Ya que no me han preguntado, me alegro de estar en las que suben!

Al llegar arriba, pongo el bastón en el suelo para salir de la escalera y de un pisotón, al final me arrebatan el poder. Yo me quedo parado y me agacho a buscarlo y por detrás recibo un golpe con algo duro. Espero que fuera una mujer con su bolso!

Eso sí, con el meneo que me han ido dando, empieza a resonar en mi cabeza la canción aquella de:

Ma yo ne sa, ella me bate como haciendo mayonesa.

Ensalada de fideos chinos y pulpo con mayonesa de wasabi y soja.

Ingredientes para 4 personas:

Mayonesa

1 huevo

1 cucharadita de mostaza de Dijon.

180g de aceite de oliva 0,4.

15 a 20g de pasta de wasabi (según lo fuerte que sea y el picante que se desee obtener).

100g de salsa de soja.

250g de fideos chinos de arroz.

300g de patas de pulpo cocidas.

Hacer la mayonesa. No es necesario ponerle sal y debe quedar bastante consistente. Mezclar con la soja de forma que se aligere. Añadir el wasabi poco a poco para ir probando el grado de picor que se busca. En cualquier caso, no pasa nada si queda un poco fuerte de soja o wasabi ya que se va a mezclar luego con los fideos.

Cocer los fideos chinos en agua con sal siguiendo las instrucciones, de forma que queden ligeramente al dente, entre dos minutos y medio y tres. Enfriar bajo el agua.

Secar bien las patas de pulpo y ponerlas en una sartén o parrilla bien caliente con una ligera capa de aceite de oliva. Dorar por todas partes. Sacarlas y cortarlas en finas rodajas y volver a dorar.

Mezclar los fideos con la mayonesa de soja y wasabi y el pulpo a la parrilla aún tibio. Si la pasta queda algo apelmazada, se puede rectificar con algo de salsa de soja.

Espero vuestros comentarios.

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